Roman Khimei and Yarema Malashchuk. Pedagogies of War

Exhibition at Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid

March 3 – May 31, 2026

Yarema Malashchuk, Roman Khimei, You Shouldn’t Have to See This, 2024 Imagen de la instalación. In absentia, Kunstverein Hannover, 2025. Imagen: Mathias Voelzke
Chus Martínez
MNTB Exhibitions
MNTB Program

Comisariada por Chus Martínez

Organizan TBA21 y el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza
 

La exposición Pedagogías de guerra, de los jóvenes artistas ucranianos Roman Khimei & Yarema Malashchuk, comisariada por Chus Martínez, explora cómo la invasión rusa a gran escala de Ucrania reorganiza la percepción y el espacio público. Trabajando con metraje de cámaras de videovigilancia en Kiev, el dúo —reciente ganador del Curatorial Prize en OFFSCREEN Paris— muestra cómo los ritmos cotidianos y las estructuras democráticas se fracturan bajo la violencia y las presiones materiales. Su trabajo expone la fragilidad de la paz, la estética de la emergencia y la incómoda coexistencia entre el olvido y la memoria. Pedagogías de guerra nos recuerda que las ecologías del conflicto (políticas, emocionales, territoriales) configuran la identidad con la misma fuerza que las geografías.

 

La exposición reúne tres obras significativas: el nuevo encargo Open World (2025), coproducido por TBA21 para la 36ª Bienal de Artes Gráficas de Liubliana; You Shouldn’t Have to See This (2024), una obra anterior de los artistas; The Wanderer (2022), que forma parte de la Colección TBA21, y un encargo site-specific para el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Pedagogies of War: War at Distance (2026). Juntas, estas tres obras crean una exploración multitemporal de la guerra, la memoria y la capacidad de acción, examinando cómo se convierten en objeto estético los estados de emergencia, cómo supervivientes y testigos presenciales se convierten en agentes, y cómo la repetición puede abrir un espacio para la duda, la empatía y la transformación.

 

Roman Khimei y Yarema Malashchuk trabajan como cineastas y artistas visuales desde 2016, explorando las intersecciones entre el documental y la ficción para abordar la historia reciente y el presente de Ucrania. Su obra examina las estructuras persistentes del poder posimperial y su impacto en una nueva generación de ciudadanos ucranianos, atrapados entre un trauma histórico y un futuro incierto. A través de videoinstalaciones multicanal y narrativas cinematográficas, capturan la naturaleza fracturada de la realidad, donde la memoria colectiva y la experiencia personal se entrelazan. La práctica del dúo reflexiona sobre el papel del figurante, de las figuras invisibles de la historia, y sobre las maneras en que las personas navegan paisajes políticos y sociales cambiantes.

 

Khimei y Malashchuk han recibido el premio principal del PinchukArtCentre Prize (2020) y el VISIO Young Talent Acquisition Prize (2021). Su cortometraje más reciente, Additional Scenes, obtuvo los principales galardones en el Tallinn Black Nights IFF 2024 y el Ukrainian Film Critics Award. El dúo ha participado en el Future Generation Art Prize 2021, la 14ª Trienal del Báltico (Baltic Triennial 14), la Bienal de Gotemburgo y la Bienal de Kyiv, así como en exposiciones colectivas en Haus der Kunst, Castello di Rivoli y Albertinum. También han presentado exposiciones individuales en Kunstverein Hannover y Galeria Arsenał, Białystok. Más recientemente, el dúo artístico ucraniano ha recibido el Curatorial Prize del evento artístico OFFSCREEN Paris por su videoinstalación You Shouldn't Have to See This.

 

Sus vídeo-obras forman parte de las colecciones de Fondazione In Between Art Film, Kunstmuseum Liechtenstein, Kontakt, TBA21, Frac Bretagne, Museum of Contemporary Art Kiasma y Museum of Contemporary Art Antwerp, entre otras. Su instalación más reciente se presentó en Dare to Dream, un evento colateral de la 60ª Biennale di Venezia 2024.

 

Yarema y Roman son miembros del Prykarpattian Theater, un colectivo artístico que ha puesto en marcha recientemente el proyecto Theater of Hopes and Expectations, presentado en el Pabellón de Ucrania durante la Biennale Architettura de Venecia 2023.

 

 

COMISARIA

Chus Martínez

 

UBICACIÓN

Museo Nacional Thyssen-Bornemisza
P.º del Prado, 8. 28014 Madrid

 

MÁS SOBRE LAS OBRAS

Open World (2025)

 

Desdibujando la línea entre vigilancia e intimidad, Open World medita sobre el exilio, la memoria y el potencial emocional de la mediación tecnológica. ¿Qué ocurre cuando un arma de guerra se convierte en un portal hacia la memoria?

 

En Open World, un joven ucraniano que huyó con su familia de su barrio devastado por la guerra se reconecta con su pasado a través de un perro robótico de uso militar, ahora reconvertido en un conducto para la memoria y la presencia. Guiado desde el extranjero, navega a distancia por las calles que le resultan familiares, encontrándose con viejos amigos, vecinos y los restos de una vida dejada atrás. Al difuminar los límites entre vigilancia e intimidad, esta videoinstalación explora los temas del desplazamiento, el exilio y la mediación tecnológica. Transformando un arma de guerra en una herramienta para la reconexión emocional y espacial, la obra reflexiona sobre la resiliencia y sobre las formas en evolución en que la tecnología moldea nuestra capacidad de recordar, regresar y mantenernos conectados a través de la distancia.

 

Producida por TBA21 Thyssen-Bornemisza Art Contemporary para la 36ª Bienal de Artes Gráficas de Liubliana, 2025. Con el apoyo de la Bienal de Arte de Pontevedra.

 

 

You Shouldn’t Have to See This (2024)

 

El silencio de la videoinstalación You Shouldn’t Have to See This enfatiza el momento dichoso pero frágil de empatía que provoca la visión de niños dormidos. Al mismo tiempo, este acto de observación despierta una sensación de inquietud. Khimei y Malashchuk filmaron a niños ucranianos que habían sido llevados por la fuerza a territorio ruso y posteriormente llevados de vuelta a Ucrania. Se estima que el número de estos secuestros oscila entre 20.000 y más de un millón de casos desde el inicio de la guerra ruso-ucraniana en 2014. Al llamar la atención sobre este atroz crimen de guerra, los artistas ofrecen un contundente relato de la infancia en el contexto de una guerra en curso.

 

Al violar deliberadamente los límites de la intimidad y cruzar la línea entre la mirada amorosa y el voyeurismo, Khimei y Malashchuk cuestionan la producción de imágenes de guerra y examinan su conflicto inherente de representación: cada una de estas imágenes es, ante todo, evidencia de un crimen y solo después —y solo potencialmente— una obra de arte (una obra que nunca debería haberse creado). El acto de observar puede generar una falsa sensación de implicación o una sensación de alivio derivada de las cualidades estéticas de las imágenes. Aun así, las imágenes auténticas y su existencia en la esfera pública funcionan como testimonios con un impacto político real.

 

The Wanderer (2022)

 

Cinco escenarios distintos se desarrollan en los pintorescos paisajes de los montes Cárpatos, al oeste de Ucrania. La cámara se detiene en cuerpos sin vida que se funden con el entorno natural, que parecen muertos y expuestos a la intemperie. Estas imágenes evocan atrocidades y exploran nuestra exposición constante a contenidos gráficos, utilizando representaciones atemporales de soldados caídos para navegar por un complejo terreno de voyeurismo, repulsión y empatía. En ocasiones, esta ambigüedad se resuelve cuando los cuerpos hablan, interactúan con ordenadores portátiles o adoptan poses distorsionadas y violentas con miembros retorcidos de forma antinatural, encarnando los horrores de la muerte en la guerra. 

 

Producida por el dúo ucraniano Malashchuk y Khimei, poco después de la invasión rusa a gran escala de Ucrania en febrero de 2022, The Wanderer sirve tanto de ensayo como de premonición del conflicto. La película ofrece una profunda reflexión sobre la naturaleza militarista del nacionalismo y la política de la memoria, al tiempo que trata de recuperar las genealogías de artistas ucranianos ocasionalmente olvidados. 

 

Su título alude a la obra cumbre del Romanticismo, el cuadro de Caspar David Friedrich titulado Viajero sobre el mar de niebla (1818), cuya génesis y recepción crítica están estrechamente vinculadas al auge del nacionalismo alemán, las guerras napoleónicas y la ideologización de lo sublime como máxima expresión de la introspección moderna. Siguiendo los pasos del maestro alemán, Malashchuk y Khimei buscaron deliberadamente configuraciones paisajísticas que evocaran la clásica vista romántica. Una formación rocosa recuerda el famoso monte de piedra del viajero original. Por otro lado, el pinar por el que deambula libremente otro posible viajero en Cazador del bosque (1814), también de Friedrich, es sustituido por troncos de abedul; sin embargo, en lugar de una figura heroica que se eleva sobre el paisaje, el vídeo está poblado por múltiples cuerpos de soldados rusos. 

 

En particular, The Wanderer también rinde homenaje a la icónica serie fotográfica Si fuéramos alemanes del colectivo artístico ucraniano Fast Reaction Group. Esta serie, creada en 1994, presenta a los artistas y sus amigos recreando las acciones de los soldados alemanes de la Wehrmacht, abordando los temas del militarismo y la explotación mediante escenas de abuso sexual y desviación. Lo que parece conectar estas dos referencias aparentemente incompatibles es una pregunta: ¿existe una continuidad entre la historia del arte y el trabajo intelectual en Alemania y las atrocidades cometidas posteriormente por los soldados alemanes en nombre de la nación y su «pureza»? 

 

Al invocar estas obras anteriores, Malashchuk y Khimei desvían la mirada occidental, que tiende a glorificar los logros de artistas y pensadores venerados mientras oculta la violencia y la guerra perpetradas por sus compatriotas. Al recrear escenas de muerte en escenarios románticos clásicos, aludiendo ahora a los ocupantes rusos durante la invasión, ilustran la ruptura civilizatoria que se despliega ante nosotros. Estas referencias intertextuales establecen conexiones entre conflictos pasados y presentes, al tiempo que demuestran un agudo sentido de la metafísica de la repetición.