El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza inaugura una nueva etapa: la donación histórica de una importante selección de la Colección TBA21 y la extensión del museo

Vista de la instalación: John Gerrard: Western Flag (Spindletop, Texas), 2017, Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid, España, 2019. Foto: Roberto Ruiz | TBA21

El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza (MNTB) anuncia la inauguración de una nueva etapa. La institución emprende una transformación crucial con la apertura de una extensión del Museo en un nuevo espacio de titularidad pública: el antiguo Palacio del Hielo y del Automóvil de Madrid, situado en la calle Duque de Medinaceli. La nueva sede acogerá una importante selección de obras de arte contemporáneo de la Colección TBA21, fruto de una histórica donación por parte de Francesca Thyssen-Bornemisza y de sus herederos, realizada sin contraprestación económica ni ningún tipo de retorno privado. Ese espacio estará concebido como punto de encuentro entre el arte contemporáneo, la ecología y la participación ciudadana.

 

El ministro de Hacienda, Arcadi España García, y el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, han realizado hoy el anuncio en el auditorio del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, en un acto en el que han estado también presentes Evelio Acevedo y Guillermo Solana, Director Gerente y Director Artístico del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, respectivamente, Francesca Thyssen-Bornemisza, presidenta y fundadora de la fundación TBA21, así como Borja Thyssen-Bornemisza.


La propuesta de extensión no supone una simple ampliación espacial, sino un proyecto que une la sede actual y la nueva en un solo ecosistema cultural. Con ello, el Museo da respuesta a una necesidad identificada que llevaba años persiguiendo resolver: contar con espacios adecuados para la educación, la investigación, la conservación y la participación ciudadana que superen las posibilidades del Palacio de Villahermosa, descongestionando así el edificio histórico y enriqueciendo la experiencia del visitante. Es el mismo camino que ya recorrieron con éxito el Museo Nacional del Prado y el Museo Reina Sofía, que crecieron precisamente mediante ampliaciones para poder cumplir su misión. 

 

Francesca Thyssen-Bornemisza: “Una colección no es una posesión, sino una conversación con el mundo”

 

Francesca Thyssen-Bornemisza destacó el significado de ese momento: "El anuncio que hacemos hoy aquí es más que una donación. Es un paso más en un compromiso que mi familia ha mantenido, de una forma u otra, durante más de un siglo". Una visión heredada, según explicó, de su propio padre: "Mi padre me enseñó que una colección no es una posesión, sino una conversación con el mundo, es un bien que se tiene, brevemente, en custodia". Esta filosofía ha marcado también el modo de trabajar de TBA21 desde sus inicios: "En los dos primeros años de su existencia como fundación tomamos una decisión inusual: preferíamos trabajar con encargo de nuevas producciones y participar de forma comisarial del proceso antes que adquirir una obra que ya existía. Esta es una forma completamente distinta de relacionarse con los artistas, y significa aceptar el riesgo de un experimento cuyo resultado puede no ser —ni para el artista ni para quien comisiona— el que habían imaginado."

 

Para Francesca Thyssen-Bornemisza, la donación representa la unión de dos formas complementarias de mirar el mundo: "La colección del museo presenta un registro de cómo Occidente vio en su día el mundo, a lo largo de siete siglos. TBA21 es un registro vivo de cómo el mundo se ve a sí mismo ahora, a través del pensamiento ecológico, el conocimiento oceánico, las cosmologías indígenas y las ecologías políticas. Con esta donación, ambos legados pasan a formar parte de una misma institución". Y concluyó situando este gesto en la trayectoria de las generaciones que le precedieron: "Si la generación de mi bisabuelo se preguntaba qué podía mostrarnos el arte sobre la belleza, y la de mi padre qué podía hacer el arte por la paz entre las naciones, la nuestra se pregunta qué puede hacer el arte para ayudarnos a imaginar nuevas formas justas de habitar juntos un planeta que cambia a toda velocidad".

 

Un legado familiar 

 

El detonante de esta transformación es la donación excepcional de más de 180 obras de la Colección TBA21 por parte de Francesca Thyssen-Bornemisza y de sus herederos. La donación abre un nuevo capítulo para el museo: prolonga su colección permanente hacia el presente y da la bienvenida a una nueva generación de coleccionistas de la familia Thyssen-Bornemisza. Animado por el mismo espíritu filantrópico de las generaciones anteriores, el proyecto extiende el compromiso de la familia con las artes hasta su cuarta generación de coleccionistas.

 

Además, se realizará un préstamo a largo plazo y sin contraprestación económica de otras casi 180 obras de arte contemporáneo que complementan la donación. La donación incorpora 16 millones de euros en activos al patrimonio artístico público, a los que se suma este préstamo, valorado en 10 millones de euros. Si a ello se añade el préstamo gratuito –y a largo plazo– de obras históricas que Francesca Thyssen-Bornemisza ya mantiene con el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, valorado en unos 70 millones de euros, el compromiso conjunto de TBA21 y de Francesca Thyssen-Bornemisza con el Estado español asciende a cerca de 100 millones de euros.

 

La colaboración entre el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza y TBA21, iniciada en 2018, ha revitalizado la programación del Museo y ha ampliado y renovado sus públicos. La interacción entre la colección histórica reunida por el barón Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza y sus antepasados, así como por su esposa, la baronesa Carmen Thyssen-Bornemisza, y las intervenciones y exposiciones contemporáneas comisariadas por la TBA21 conforman uno de los diálogos institucionales más dinámicos de Madrid.

 

Borja y Blanca Thyssen-Bornemisza han demostrado también su compromiso con la continuidad de ese legado, prestando obras a largo plazo de su colección privada y organizando exposiciones de arte contemporáneo de forma regular en el museo desde 2023. Su colección abarca desde los maestros de la vanguardia de principios del siglo XX y el modernismo de posguerra hasta el hiperrealismo contemporáneo, e incluye obras modernas y contemporáneas, el movimiento hiperrealista estadounidense, el arte del grafiti y la pintura contemporánea —con obras maestras de Francis Picabia, Alex Katz, André Butzer, Ross Bleckner, Peter Halley y Kenny Scharf, todas ellas actualmente expuestas en préstamo a largo plazo en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza—. En conjunto, estas obras tienden un puente esencial entre la colección histórica construida por tres generaciones de la familia y su continuidad hacia la siguiente.

 

Un nuevo espacio complementario para el arte contemporáneo 

 

La expansión en el nuevo centro ocupará parte del antiguo Palacio del Hielo y del Automóvil, en la calle Duque de Medinaceli, a pocos metros del edificio actual. Concebido como infraestructura pública para el arte contemporáneo, el nuevo espacio complementa, sin duplicar, el panorama museístico de Madrid, en el que el Museo Reina Sofía es hoy la única gran institución estatal plenamente dedicada a este ámbito. Trabajará en diálogo con iniciativas como el Centro de Producción y Residencias Artísticas de Tabacalera, sin dejar de estar anclado en la misión propia del Thyssen-Bornemisza: articular la continuidad entre la modernidad histórica y la producción contemporánea. 

 

Una donación fundacional

 

La donación es el acto fundacional del proyecto. Supone una transferencia plena y permanente al patrimonio público, sin contraprestación económica ni retorno privado de ningún tipo: un total de 186 obras donadas y 179 a través de un préstamo a largo plazo que, forman un conjunto de arte contemporáneo de temática ecológica, justicia social, feminista y de género tan coherente como difícil de reunir hoy en el mercado. 

La selección de 365 obras de arte incluidas en el conjunto de la donación y el préstamo de la Colección TBA21 –de 169 artistas individuales y 19 colectivos– reúne voces procedentes de contextos muy diversos, con nombres como Ai Weiwei, Marina Abramović, John Akomfrah, Monica Bonvicini, Candice Breitz, Seba Calfuqueo, Janet Cardiff & George Bures Miller, Claudia Comte, Olafur Eliasson, Taloi Havini, Nikita Kadan, Pierre Huyghe, Rashid Johnson, Ernesto Neto y Bill Viola, entre otros. Se trata de artistas de talla internacional cuyas obras son objeto de préstamo por parte de TBA21 a los principales museos internacionales. Muestra de esta proyección internacional es Moving Off the Land II, la exposición de la artista de vídeo y performance Joan Jonas comisionada por TBA21–Academy que inauguró Ocean Space en Venecia en 2019 y cuya pieza central acabó formando parte de su gran retrospectiva en el MoMA de Nueva York en 2024. 

 

Fundada en 2002 y constituida como entidad española tras su traslado a Madrid en 2019, TBA21 ha reunido una de las colecciones privadas de arte contemporáneo más influyentes del mundo. La fundación centra su labor en el cruce entre arte, ecología y justicia social, y en la voluntad de ampliar el canon con artistas del llamado Sur Global, creadores indígenas y voces históricamente excluidas de los relatos europeos. Una colección que dialoga de forma natural con los fondos del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, que es complementaria con las colecciones nacionales, e introduce prácticas interdisciplinares ahora ausentes del patrimonio público. Además, las piezas de la Colección TBA21 abarcan prácticamente todos los lenguajes del arte contemporáneo y está compuesta, predominantemente, por instalaciones, esculturas y fotografía, sin excluir otras disciplinas como performance, pintura u obra digital. 

 

Impacto local y ecología

 

El impacto en el barrio ha sido una consideración central del proyecto de la extensión del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, que compartirá edificio con la sede en Madrid del Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo. El programa de usos del centro se definirá tras una fase de escucha activa con el vecindario, para recoger sus necesidades específicas.

 

La ecología se aborda como una condición cívica compartida: el propio edificio funcionará como refugio climático para los grupos más vulnerables durante los episodios de calor extremo en la ciudad, traduciendo la responsabilidad ecológica en un cuidado público concreto. En un momento de urgencia ecológica, la reapertura del edificio devuelve un espacio público a la vida pública y propone un modelo para el futuro de las instituciones culturales.