Llevar lo que podamos
Sobre las confluencias entre el Tigris y el Spree
Septiembre de 2026
Por Katarina Rakušček
“Ser un cuerpo de agua significa recordar y olvidar al mismo tiempo, siempre. Llevar las aguas, confluir, implica la obligación de cargar no solo con el peso del tiempo y la memoria, sino también con el peso de la disolución”.
—Astrida Neimanis, conferencia inaugural de la Confluence 2026
Todos los cuerpos son cuerpos de agua. Todos los lugares que habitamos son lugares habitados por el agua: también los entornos aparentemente terrestres, conocidos por los múltiples flujos, movimientos y recorridos de sus habitantes humanos. La ciudad de Berlín se encuentra en un valle glaciar excavado hace unos veinte mil años, cuando enormes volúmenes de agua discurrían junto a los bordes de las capas de hielo en retroceso. Se asienta sobre una antigua llanura pantanosa y se cree que su nombre procede de berl-/birl, una antigua palabra eslava que significa "pantano". Es un nombre curioso para una ciudad conocida, quizá sobre todo, por haber sido escenario de un largo experimento —afortunadamente fallido— para impedir la porosidad entre dos mundos. Si cavas en cualquier punto de Berlín, probablemente encontrarás aguas subterráneas a dos o tres metros de profundidad. Pero antes llegarás a una capa inestable de lodo, suelos de morrena y areniscas que todavía hoy dificultan la construcción (¿será esta una de las razones del fértil underground de Berlín?). Por la ciudad fluye el río Spree: una fuente de vida, el principal suministro de agua potable de Berlín, un sistema de refrigeración urbana, una vía de transporte, un camino, un vínculo, una frontera, un portador de cuerpos, tanto de los que viven como de los que ya no están.[1] El Berlín que conocemos está formado por estas fuerzas: el antiguo glaciar, el pantano escurridizo, el río cambiante. Sus cimientos inquietos parecen demostrar que a los cuerpos de agua, humanos o más-que-humanos, no les gusta que los domestiquen. Nos iría mejor si aprendiéramos a fluir juntos en libertad.
The Confluence of European Water Bodies es una red transnacional fundada en 2023 por Embassy of the North Sea, TBA21–Academy e ILP Mar Menor que conecta más de 50 cuerpos de agua de toda Europa y otros lugares del mundo. Cada edición de este encuentro anual, acogida por una entidad diferente, da la bienvenida a nuevas aguas, comunidades y prácticas, y contribuye a un movimiento en rápida expansión que defiende la representación política, cultural y espiritual del agua a través del arte, la ciencia, la incidencia pública y la participación comunitaria. La edición de este año reunió a sus participantes a orillas del río Spree bajo el comisariado de Symbiotic Lab, un estudio de diseño interdisciplinar con sede en Berlín que trabaja en la intersección entre ecología, arte y urbanismo. Se trata de la cuarta edición: la primera se celebró a orillas del Mar Menor en 2023, organizada por ILP Mar Menor; la segunda, en Venecia, organizada por TBA21–Academy en 2024; y la tercera, en Ámsterdam y Bergen aan Zee, organizada por Embassy of the North Sea en 2025.
Durante cuatro días, representantes de ríos, lagos, costas, glaciares, humedales y otros cuerpos de agua de 18 países se reunieron en distintos espacios de Berlín junto al Spree, en Berlín, en FLUSSBAD Campus, SPORE Initiative, Spreepark Art Space y Floating University Berlin. “Nos reunimos en un momento en el que el agua se ha convertido en una de las cuestiones que definen a Europa, después de un verano que podría llegar a ser uno de los más calurosos y secos de los que se tiene registro”, señalan los comisarios Léon Gross y Jakob Kukula. Suiza, el Reino Unido, Bélgica, Francia y Hungría, entre otros países, registraron temperaturas y sequías récord, mientras inquietantes titulares describían a Europa como “el lugar con las temperaturas más anómalamente altas de este verano”.[2] En este contexto, la agencia del agua es tanto una aspiración espiritual como una necesidad material. Así quedó patente en las conversaciones entre artistas, científicos, representantes indígenas, juristas, diseñadores, responsables de políticas públicas y habitantes de la ciudad que se reunieron para reflexionar sobre las preguntas que guiaban el encuentro: ¿cómo pueden las aguas de Europa configurar su propio futuro? ¿Qué significa representar a un cuerpo de agua? ¿Qué nuevas prácticas culturales, jurídicas y políticas se necesitan cuando los ríos, los lagos y los mares se convierten en actores políticos?[3]
Sintonizar con las aguas
La tarea que tenemos por delante no es sencilla. Antes de intentar formular una nueva visión de la acuosfera europea, es necesario sintonizar con el agua. Por eso, la velada inaugural de la Confluence tuvo lugar en Flussbad Berlin, un espacio construido sobre el emplazamiento de unos históricos baños fluviales de la época de la República de Weimar, con una conferencia-performance de Astrida Neimanis, pensadora hidrofeminista que ha inspirado la forma en que muchos de nosotros pensamos el agua. Sus palabras sobre la confluencia densa nos acompañaron a lo largo de todo este esfuerzo colectivo: “Como cuerpos de agua, estamos poniendo continuamente nuestras aguas en contacto con otros cuerpos de agua. A veces lo hacemos deliberadamente, a veces sin querer y a veces es inevitable. Pero en cada uno de esos encuentros llevamos algo de nosotros mismos a las aguas con las que nos encontramos, y siempre dejamos algo de nosotros atrás”. Esto es precisamente lo que significa confluir. Tal como lo plantean los comisarios de esta edición, es una práctica que consiste en “poner en diálogo ideas, métodos y experiencias, y hacerlos circular entre lugares, disciplinas y cuencas hidrográficas con el objetivo de regenerar los ecosistemas acuáticos”.[4]
Del Mar Menor a la cuenca mesopotámica
A partir de esta concepción compartida, el programa giró en torno al intercambio de conocimientos y experiencias. El río anfitrión, el Spree, mantuvo un diálogo con el Mar Menor, el primer ecosistema de Europa en obtener personalidad jurídica. Las activistas de Alianza Mar Menor Julia Albaladejo y Teresa Conesa, junto con la jurista y ganadora del Premio Goldman Teresa Vicente y el investigador Julian Purrmann, compartieron lo aprendido sobre el proceso que llevó al Mar Menor a obtener personalidad jurídica y sobre su integración en el ámbito jurídico y político, en una mesa redonda moderada por Imke Horstmannshoff. Representantes de la Rechte der Spree Initiative se unieron a ellos para escuchar y aprender del caso del Mar Menor, poniendo el proceso del Spree hacia ese mismo reconocimiento en diálogo con uno de los hitos pioneros de la representación de los ecosistemas en Europa.
De hecho, muchos de los representantes presentes han impulsado cambios legislativos en sus propias comunidades. El río Odra de Polonia, los ríos Ouse, Reuss y Sena, el lago Vättern y la laguna de Venecia ya cuentan con sus propias campañas de incidencia o declaraciones ciudadanas. Este año, el Parlamento Sami de Suecia, establecido en 2018, votó a favor de respaldar los derechos del lago Storsjön. El Danubio trabaja en una iniciativa ciudadana titulada Citizen Danube, y el glaciar Snæfellsjökull se presentará por segunda vez a las elecciones presidenciales en 2028. Las profundidades marinas y la Antártida son lugares que pueden parecer remotos, pero que están lejos de serlo: al no contar con una comunidad humana local propia, dependen de iniciativas transnacionales para hacer oír sus voces. Un sólido enfoque biorregional impulsa el trabajo de la Embassy of the Baltic Sea, la declaración de derechos del Mediterráneo y la iniciativa en favor del Dogger Bank. Algunos cuerpos de agua destacan por sus enfoques artísticos y culturales, como el Wistula, con River Sisters (creadoras de los emblemáticos carteles azules de todos los cuerpos de agua participantes); el Mosa, con Maas Lab; las aguas de Génova, con Corpi Idrici; y el Mtkvari, con wit[h]nessing. Junto a todos ellos, la alianza europea también acoge a los ríos del mundo, inevitablemente conectados entre sí, pues sabemos que el agua no entiende de fronteras nacionales ni continentales. Whanganui Te Tupua Awa —el primer ecosistema del mundo en obtener personalidad jurídica—, los ríos de los Andes, el Tigris y el Éufrates, o el mar Caspio: todas las aguas del planeta están en contacto.
El peso del contacto
La palabra “contingencia” designa un posible acontecimiento o problema futuro que no puede predecirse con certeza. Neimanis propone otra lectura de la contingencia a partir del latín con-tangere, un lugar de encuentro y contacto: “La contingencia, como la confluencia, es un encuentro, una proximidad, una mezcla, un tiempo y un espacio intermedios en los que nada está garantizado. Y, como sabemos, ahora mismo nada está garantizado”, señala, en referencia al inminente colapso climático, el deterioro de la democracia, la guerra y el genocidio en curso y el avance del control tecno-oligárquico. No todas las proximidades son consentidas, no todas las contingencias implican cuidado y los cuerpos de agua han desempeñado durante mucho tiempo un papel en las disputas territoriales, los desplazamientos forzados y los traumas históricos. “El Spree siempre recordará los cuerpos, la violencia y las tecnologías, tanto como la voluntad de vivir una vida libre”, señala la politóloga Barbara Unmüßig durante la conferencia inaugural. Y el Spree no es el único río con una historia compleja: el Danubio fue una vía vital para las potencias del Eje durante la Segunda Guerra Mundial y también sufrió daños colaterales durante la campaña de la OTAN contra Yugoslavia en respuesta a la limpieza étnica en Kosovo en los años noventa; el estuario del río Escalda, en los Países Bajos, fue escenario de devastadoras marejadas que engulleron más de 170 pueblos; el Mediterráneo es una travesía mortal para miles de personas desplazadas, por no mencionar el papel de los puertos europeos en el suministro de armamento a las fuerzas militares israelíes en su genocidio del pueblo palestino. El mar Báltico se encuentra bajo la presión de una posible escalada geopolítica por parte de Rusia, mientras que los sistemas hídricos de Ucrania sufren ataques sistemáticos desde el comienzo de la invasión a gran escala. “El agua es una ayuda para la memoria”, nos recuerda Astrida Neimanis; transporta el “peso del tiempo y la memoria”. Un peso que no debe tomarse a la ligera.
¿Por qué insistimos, entonces, en reunirnos en tiempos de tanta vulnerabilidad? Y, más importante aún, ¿cómo podemos transmitir estas historias más allá de una comunidad de personas que ya comparten nuestras convicciones? ¿Pueden las aguas convertirse finalmente en arterias de paz, como propuso Ismaeel Dawood, de Save the Tigris Foundation? En un taller sobre cooperación hídrica transnacional, Dawood destacó que los antiguos ríos de Mesopotamia son fundamentales para la identidad de sus habitantes, mientras que Estados modernos como Turquía, Irán, Siria e Irak utilizan grandes infraestructuras para afirmar su hegemonía política en lugar de favorecer la salud ecológica.
Europa tampoco es ajena a estas prácticas. Este año, un cambio legislativo en Alemania reclasificó las infraestructuras hídricas como infraestructuras críticas y de relevancia militar. El 17 de marzo de 2026 entró en vigor la Ley Marco KRITIS, que aplica la Directiva de la Unión Europea sobre la Resiliencia de las Entidades Críticas (CER) y transforma profundamente el marco jurídico alemán al tratar las redes de agua, transporte y energía como componentes vitales de la defensa nacional y la seguridad. Este cambio se alinea con la reciente reasignación de capacidades y fondos de la UE procedentes del desarrollo local y las ayudas regionales (incluidos los fondos medioambientales) hacia la movilidad militar y la defensa, una tendencia que también se observa en las reasignaciones presupuestarias del Reino Unido, Italia, los Países Bajos, Polonia, Suecia y Finlandia, entre otros. Frente al fracaso de las negociaciones entre Estados y los obstáculos que plantean las grandes infraestructuras, Dawood describió el desarrollo de una diplomacia “entre personas” o “de tercera vía” a través de iniciativas como el Mesopotamia Water Forum, un movimiento que conecta a autoridades locales, universidades, artistas y activistas a ambos lados de las fronteras sin depender de invitaciones oficiales de los gobiernos.
De estas conversaciones surgió una idea recurrente: los relatos culturales compartidos y las conexiones entre comunidades (¿nos atrevemos a llamarlas confluencias?) desempeñan un papel fundamental en la protección del medioambiente. ¿Cómo podemos, entonces, volver a conectar con estas historias profundas y elementales, especialmente las anteriores a los nacionalismos modernos, para construir una identidad medioambiental más inclusiva sin caer en la romantización de la naturaleza ni en la apropiación cultural?
Historias de deseo
En su conferencia inaugural, Astrida Neimanis llama la atención sobre Suspending Damage: A Letter to Communities [Suspender los daños: una carta a las comunidades], una carta abierta de Eve Tuck, profesora asociada de Estudios Críticos sobre Raza y Estudios Indígenas en el Ontario Institute for Studies in Education. En ella, Tuck invita a comunidades, investigadores y educadores a reconsiderar el impacto a largo plazo de la investigación “centrada en el daño”[5], dedicada a documentar el sufrimiento de los pueblos marginados con el fin de exigir responsabilidades a quienes ejercen la opresión. Como alternativa, Tuck propone un “marco de investigación basado en el deseo […] interesado en comprender la complejidad, la contradicción y la autodeterminación de las vidas vividas”. Las “historias de deseo”, resume Neimanis, “no son historias de negación”. Son historias que afrontan los problemas con sinceridad, pero que se niegan a reducir a las personas marginadas a su condición de sujetos abstractos. “El deseo, sí, da cuenta de la pérdida y la desesperación, pero también de la esperanza, las visiones y la sabiduría de las vidas y comunidades que las experimentan”.[6]
Podemos aprender de esta perspectiva: la atracción que ejerce el agua también puede estar atravesada por el deseo, la complejidad y la contradicción. “¿Qué cuerpo de agua amas?”, pregunta la primera “novia del río” del Reino Unido, Mrs. Meg Avon. A partir de esta pregunta, los participantes en su taller reflexionaron sobre sus propias relaciones con los ríos y exploraron las posibles conexiones entre el ritual personal, el activismo y el cambio legislativo. Movidos por este deseo de experimentar el agua a través del cuerpo, los participantes se unieron al Spree: navegaron en kayak, observaron sus aguas al microscopio, siguieron el recorrido del agua de lluvia por el paisaje urbano e inauguraron el primer baño fluvial temporal de Berlín tras un largo periodo de prohibición. En el centro de cada Confluence se encuentra también una Ceremonia de Unión de las Aguas, en la que los representantes de ríos, mares, lagos, lagunas y glaciares vierten agua de sus respectivos cuerpos de agua en el recipiente compartido. Después, las aguas mezcladas se devuelven al anfitrión —en esta ocasión, al Spree— como un regalo y un acto simbólico de solidaridad interespecie y cuidado medioambiental transnacional.
¡Cianobacterias al Parlamento!
¿Cómo podemos encarnar las historias de deseo a nuestra manera, dando cabida a la contradicción y la complejidad e incluyendo de forma radical diversas voces humanas y más-que-humanas? ¿Cómo podemos integrarlas en las estructuras jurídicas existentes para otorgar capacidad de acción a lo más-que-humano mientras avanzamos hacia la construcción de otro mundo más equitativo? Los representantes de la Confluence tienen algunas ideas sobre cómo conseguirlo. El abogado Emmanuel Schlichter y Stella Bongiorno (GARN) presentaron una invitación a la Iniciativa Ciudadana Europea por los Derechos de la Naturaleza, que abrirá su recogida de firmas en octubre de 2026, y exploraron cómo la acción local y la cooperación europea pueden reforzarse mutuamente. Greet Brauwers y Raf Custers presentaron el taller performativo A Seat for the Sea [Un escaño para el mar], que exploró cómo la experiencia multisensorial puede convertirse en una herramienta para reconectar con los cuerpos de agua, en particular con las profundidades marinas. El programa también acogió el primer Parlamento de Especies del Spree de Berlín, desarrollado por el colectivo artístico Club Real, que invitó a los participantes a asumir el papel de una de las cientos de especies que habitan el ecosistema del Spree en una asamblea performativa multiespecie. La propuesta combinó performance artística, investigación científica y experimentación democrática para ensayar posibles respuestas a la pregunta: ¿qué ocurriría si los derechos políticos no estuvieran reservados exclusivamente a los seres humanos?
Imaginémoslo juntos: en una sociedad más-que-humana, estos ejercicios dejan de ser (únicamente) performances artísticas para convertirse en formas de gobernanza; el acceso a aguas seguras y acogedoras para beber y refrescarse es universal; las palabras genocidio, combustibles fósiles y centros de datos se consideran arcaísmos de un pasado lejano; las vías fluviales se clasifican como infraestructuras esenciales para la vida, no para fines militares; los territorios indígenas están bajo gobernanza indígena, la vivienda es un derecho humano y la explotación del trabajo, la tierra o cualquier otra forma de vida resulta inconcebible.
Imaginemos ese entonces con todo detalle. Ahora miremos el ahora sin desánimo. Existen tanto la voluntad como los medios y, ahora, estamos ensayando ese espacio intermedio: imaginando, especulando, provocando, defendiendo causas y organizándonos colectivamente. Concluyamos, una vez más, con Astrida Neimanis, porque los cuerpos de agua saben qué hacer: “atender al daño sin renunciar nunca al deseo. Llevar lo que podamos y ofrecer algo útil”.[7]
[1] Durante la división de Berlín, el Spree funcionó como una frontera fuertemente militarizada. Muchos intentos de escapar cruzando el Spree terminaron con la pérdida de vidas. En la actualidad, uno de los escasos tramos conservados del Muro de Berlín discurre junto al río Spree y recibe el nombre de East Side Gallery.
[2] Europe was the most unusually hot place on the planet this summer, Euronews, septiembre de 2026.
[3] Gross, Léon & Kukula, Jakob (2026). Confluence of European Water Bodies 2026 – Brochure. Berlin: Symbiotic Lab
[4] Gross, Léon & Kukula, Jakob (2026). Confluence of European Water Bodies 2026 – Brochure. Berlin: Symbiotic Lab.
[5] “Este tipo de investigación parte de una teoría del cambio defectuosa: a menudo se utiliza para conseguir reparaciones o recursos para comunidades marginadas y, al mismo tiempo, refuerza y reinscribe una visión unidimensional de estas personas como agotadas, devastadas y sin esperanza. Tuck insta a las comunidades a establecer una moratoria sobre la investigación centrada en el daño para reformular las maneras en que se plantea y desarrolla la investigación y repensar cómo podrían utilizarse sus resultados por, para y con las comunidades”. Tuck, Eve (2009). Suspending damage: A letter to communities. Harvard Educational Review, 79(3), 409.
[6] Tuck, Eve (2009). Suspending damage: A letter to communities. Harvard Educational Review, 79(3), 417
[7] Astrida Neimanis en su conferencia-performance inaugural de la Confluence of European Water Bodies, Berlín, 3 de septiembre de 2026.