La velocidad es una ideología. Reducir el ritmo no es un lujo, sino una posición política.
Entrevista con Bogiaisso
En su quinta edición, Convivial Tables continúa explorando la alimentación como una práctica cultural, ecológica y relacional, ampliando el debate sobre las formas de convivencia entre los seres humanos, los ecosistemas y las infraestructuras que sostienen la vida cotidiana. Integrado en la línea de investigación Eating de TBA21–Academy, el programa entrelaza arte, ecología y conocimientos situados, invitando al público a cuestionar las geografías, los gestos y las redes, a menudo invisibles, que configuran nuestra relación con el territorio.
La edición de 2026, INVISIBLE — Spore, parole, correnti (Invisibile — Esporas, palabras, corrientes), comisariada por Bogiaisso (Niccolò Moronato y Alice Jasmine Crippa), toma como punto de partida un elemento tan cotidiano como revelador: la schiscia, la comida preparada en casa y consumida durante la jornada laboral. Comidas fuera de la vista de los demás, en obras de construcción, embarcaciones o espacios de servicio de la ciudad, las schisce hablan de geografías invisibles, ritmos de trabajo y formas de pertenencia que rara vez encuentran espacio en los relatos sobre Venecia.
A través de cuatro recorridos en pequeñas embarcaciones por la laguna, un itinerario de poesía compartida y una red de colaboraciones que incluye a Orchestras of AWEdacity (Kayla Archer), Fie a Manetta y numerosos invitados, el programa se deja guiar por las perspectivas de quienes recorren Venecia en lo cotidiano, de las personas que la construyen y la mantienen viva cada día. Conversamos con Bogiaisso para conocer cómo surgió INVISIBLE, qué encuentros marcaron su desarrollo y qué significa hoy observar una ciudad a partir de aquello que normalmente queda fuera de plano.
Dentro de la investigación de Ocean Space de TBA21–Academy sobre la relación entre ecología, alimentación y cuerpos de agua, Convivial Tables es un programa que, a lo largo de los años, ha incorporado distintas perspectivas a través del trabajo de artistas, investigadores y comisarios (Barena Bianca, TOCIA!, Chiara Famengo, The Tidal Garden). ¿Qué significa para vosotros sumaros a este recorrido en su quinta edición y cómo decidisteis relacionaros con la investigación desarrollada en las ediciones anteriores?
Nos acercamos con respeto y con una pregunta: ¿qué puede aportar alguien de Chioggia, situada en el extremo sur de la laguna, a un programa que hasta ahora ha operado principalmente desde Venecia? La respuesta que encontramos fue: una perspectiva distinta sobre aquello que permanece invisible para la mayoría de las personas. Las ediciones anteriores exploraron las algas, los ecosistemas sumergidos y las prácticas alimentarias vinculadas al agua. Nosotros queríamos añadir otra capa: el trabajo humano que sostiene la ciudad, los gestos cotidianos que casi nadie ve y las geografías que no aparecen en ningún mapa. Es en esencia el mismo rumbo, pero ampliado. De las ecologías sumergidas a las ecologías sociales. De las algas a las schisce de la hora del almuerzo.
Bogiaisso nació de un proceso de escucha de la comunidad pesquera de Chioggia, en el extremo sur de la laguna veneciana, a partir de prácticas y saberes que suelen pasar desapercibidos. ¿Qué encuentros, historias o gestos que surgieron con el tiempo cambiaron vuestra manera de mirar la laguna?
En Chioggia aprendimos que el conocimiento no puede extraerse ni aplicarse de forma literal: se habita. Uno no va a “recoger historias”. Se queda, escucha y, en algún momento, alguien te cuenta algo porque confía en ti. Eso lo cambió todo. Dejamos de buscar contenidos y simplemente empezamos a estar presentes. De ahí surgió una forma de mirar que llevamos también a Venecia: no buscar lo invisible, sino situarnos en las condiciones en las que lo invisible puede revelarse. Seguir los ritmos de quienes trabajan, no los de quienes visitan la ciudad. Salir a las diez de la mañana en las embarcaciones verdes de recogida de residuos, y no a las seis de la tarde.
Si tuvierais que contar el origen de INVISIBLE a través de una sola imagen, ¿cuál sería? ¿Qué empezasteis a ver en la laguna veneciana (una persona, un gesto, un lugar o una práctica) que antes parecía invisible y que acabó dando forma al imaginario del programa, hecho de esporas, corrientes, palabras y lenguajes?
Un hombre sentado en la proa de una embarcación de trabajo, detenida en un canal interior, comiendo albóndigas con la peperonata de la noche anterior a las once de la mañana. Nadie lo mira. Él no mira a nadie. Es un momento que no existe para Venecia: no se puede fotografiar, no es “instagrameable”, no se puede monetizar. Y, sin embargo, eso también es Venecia. Es el trabajo que la mantiene en pie. Ese hombre y esa schiscia se convirtieron en el centro de INVISIBLE: las comidas de trabajo y los lugares donde se consumen. A partir de ahí se despliega todo lo demás: los recorridos, los ritmos y las geografías que no aparecen en ningún mapa.
Los cuatro recorridos en pequeñas embarcaciones siguen rutas que rara vez aparecen en los mapas de la Venecia más conocida (desde Sacca Fisola, siguiendo las embarcaciones de recogida de residuos y las geografías de las schisce, hasta Tronchetto y Piazzale Roma, atravesando las infraestructuras que abastecen la ciudad; desde los ecosistemas invisibles de esporas, mohos y hongos entre el Arsenale y la laguna, hasta la Isola delle Rose [Sacca Sessola] y sus historias de memoria, derechos y resistencia). ¿Cómo construisteis estos itinerarios?
No le pedimos a Marta Canino, de Fie a Manetta, que nos llevara a un lugar concreto. En lugar de eso, le contamos qué estábamos buscando: tensiones no resueltas vividas en Chioggia, impresiones percibidas y comentadas con trabajadores de Venecia… Preguntas abiertas, no respuestas. Ella escuchó y tradujo todo eso en itinerarios, observaciones guiadas y puntos de observación que nunca habríamos encontrado por nuestra cuenta.
Parecía magia. Nunca era lo que esperábamos. Cada vez nos llevaba a lugares que no conocíamos o que conocíamos, pero que nunca habíamos mirado de esa manera. Puntos de vista desnudos, verdaderos y urgentes. No espectaculares, sino reales.
No diseñamos itinerarios: compartimos preguntas, y Marta, de Fie a Manetta, gracias a su profundo conocimiento de Venecia, supo convertirlas en recorridos. Es una colaboración de la que nos sentimos especialmente orgullosos.
Para recorrer la laguna elegisteis colaborar con Fie a Manetta, la primera escuela de navegación a motor dirigida por mujeres. ¿Por qué es importante esta colaboración para INVISIBLE y de qué manera su forma de navegar ha influido en el programa?
La manera de pilotar una embarcación cambia lo que se ve.
En Fie a Manetta navegan despacio y con respeto. Lo hacen desde la perspectiva de quienes defienden Venecia, trabajan en ella y la habitan. No es la mirada de quienes consumen la ciudad, sino la de quienes la protegen, la honran y enseñan a otros a reducir el ritmo.
Desde esa perspectiva, lo invisible se revela. Se ven las embarcaciones de trabajo, no las góndolas. Se percibe la cadencia de quienes abastecen bares y negocios, no los de quienes visitan la ciudad. Se ven los lugares donde se come una schiscia, no aquellos donde se paga un suplemento por sentarse.
Fie a Manetta nos enseñó que la velocidad es una ideología. Reducir el ritmo no es un lujo, sino una posición política. Es el primer paso para descubrir el lenguaje de Venecia, sus dolores y sus paradojas. INVISIBLE no habría sido posible sin esa manera de estar en el agua.
Las schisce son uno de los protagonistas más inesperados de INVISIBLE. ¿Por qué decidisteis partir precisamente de una comida que se consume fuera de la vista de los demás? ¿Qué puede contarnos una schiscia sobre la vida cotidiana en la laguna veneciana y sobre las personas que la mantienen viva cada día?
La schiscia representa el momento en que el trabajo se detiene, pero no desaparece. Es el instante en que el trabajador se apropia de un espacio, aunque solo sean diez minutos en una fondamenta (el paseo junto al canal), en un rincón de una embarcación o en un escalón. Es un gesto íntimo del que nadie habla.
Venecia está llena de relatos sobre la comida: los cicchetti, el fritto misto y los restaurantes históricos. Pero ¿quién habla de unos calamares rellenos que se comen de pie a las siete de la mañana? ¿Quién explica las geografías de quienes nunca se sientan a una mesa? La schiscia nos permitió entrar en esas geografías como compañeros de almuerzo y no como observadores.
En INVISIBLE, el lenguaje es una forma de habitar un lugar. Veneciano, chioggiotto, árabe, inglés, español y muchas otras lenguas se entrelazan en el programa. ¿Qué ocurre cuando dialectos, lenguas maternas, traducciones y palabras que no todo el mundo comprende conviven en un mismo espacio?
Lo que ocurre es que nadie lo entiende todo. Y precisamente de eso se trata. Cuando Wissal habla de la Aïta, cuando alguien utiliza una palabra en ciosoto (el dialecto de Chioggia) o cuando Kayla introduce el Calypso, no todo se traduce ni todo se explica. Y está bien.
La incomprensión parcial no es un fracaso, sino una forma de respeto. Reconoce que cada lengua contiene un mundo que no puede trasladarse por completo. En INVISIBLE decidimos no traducir siempre todo y dejar espacio también para la incomprensión, sin vivirla como un problema. A menudo, es precisamente aquello que no entendemos del todo lo que despierta la curiosidad y el deseo de acercarnos a algo desconocido hasta ese momento.
No tenerlo todo claro puede conducir, de hecho, al deseo de vivir experiencias que permitan observar esa realidad desde dentro. Para nosotros, la curiosidad, lo no resuelto y lo no explicado son herramientas fundamentales para superar la alteridad y la indiferencia. En el silencio lleno de preguntas de quien no comprende del todo hay una forma de acogida y de humildad hacia el otro que situamos en el centro de nuestra práctica.
Con Orchestras of AWEdacity introdujisteis una práctica de escritura colectiva inspirada en el Calypso caribeño. ¿Qué os atrajo de este método y cómo se transformó al llegar a la laguna veneciana?
El Calypso, el “gemelo malvado” del carnaval caribeño, nació como una práctica de resistencia: una manera de decir verdades en público a través de personajes, máscaras y alter egos. En INVISIBLE, esto se tradujo en dar voz a quienes normalmente no hablan, pero sin hablar en su nombre.
Utilizamos objetos como personajes a través de los cuales los participantes podían expresar cuestiones relacionadas con el trabajo, el cansancio o la rabia sin exponerse directamente: la grúa de las embarcaciones de transporte, la serpiente negra de los barcos de saneamiento, el cocodrilo de peluche que sirve de mascota en una embarcación de recogida de residuos o la carretilla de un repartidor.
El recurso de ka máscara libera es tan antiguo como la propia Venecia. En la laguna, con toda su carga de silencios y jerarquías, este recurso funcionó. La gente anónima escribió cosas que, quizá, nunca habría dicho con su voz.
¿Qué tipo de comunidad se ha formado en torno a INVISIBLE? Ahora que el programa está a punto de concluir, ¿qué anécdota o intercambio entre participantes, trabajadores de la laguna, artistas e invitados seguís recordando porque resume el espíritu del proyecto?
La palabra comunidad es delicada y la utilizamos con mucho respeto y cautela. Se trata, sin duda, de un grupo de personas que quiso participar en el programa, que coincidió cuatro veces en una embarcación y que volverá a reunirse en septiembre para compartir una comida en el Campo de San Lorenzo. Algunos volvieron a verse entre un recorrido y otro, otros no. Pero hay algo que los une: vieron Venecia desde una perspectiva que desconocían y, para nosotros, eso ya supone un cambio.
Lo que permanece es una imagen que representa las múltiples soluciones improvisadas que los trabajadores de Venecia han ideado para enfrentarse a las ineficiencias planificadas de la ciudad. Si se pasa bajo el tramo final del Ponte della Libertà, donde confluyen las vías que conducen a Piazzale Roma, Santa Marta y Tronchetto, se llega a una especie de tierra de nadie por la que circulan las embarcaciones de trabajo. Allí se alinean decenas de escaleras, apoyadas entre los muelles de atraque y la estructura del puente. Es la única forma que tienen los trabajadores de llegar a sus embarcaciones. Una solución precaria, una improvisación convertida en práctica habitual. Si alguna vez ves a alguien aparecer desde debajo del puente y caminar por el borde de la carretera, ya sabes de dónde viene.
La anécdota que seguimos contando es esta: durante uno de los recorridos, una participante veneciana dijo: «No tengo sentido de la orientación, pero en Venecia nunca puedo perderme». Sonaba como un elogio, pero en realidad era una queja. Venecia es una ciudad en la que todas las rutas parecen ya trazadas. Está tan señalizada y tan guiada que perderse se ha vuelto casi imposible. De esa reflexión surgió una de las preguntas que orientó todo el programa: ¿cómo recuperar el derecho a perderse en una ciudad que antaño prosperaba gracias a pasajes ocultos, los desvíos y las geografías invisibles?